Bodegas de Haro

Haro: donde crecen nuestras viñas

In Haro by Fatima CimadevillaDejar un comentario

Pocos lugares hay en la geografía española en los que el vino tenga el papel protagonista que cobra en Haro. Aroma, sabor, tradición, historia y presente se conjugan en este municipio riojano al que el sobrenombre de “Ciudad del Vino” no solo no le sobra sino que, además, lo define. Más allá de su actualidad, Haro es la crónica viva de una pasión por los caldos que se remonta a siglos atrás y que perdura en el presente.

No hay visitante que no sienta ese enamoramiento de la tierra hacia el vino ya sea contemplando los campos de viñas que abrazan la ciudad, viviendo la Batalla a la que anualmente se enfrenta la ciudad o, simplemente, paseando por sus calles para disfrutar del museo vitivinícola al aire libre que convierte Haro es un auténtico escenario de los múltiples oficios tradicionales del que es, desde hace cientos de años, el motor de su día a día.

Un auténtico homenaje vivo a una historia poco conocida que merece la pena descubrir.

Haro: donde crecen nuestras viñas

Atribución: Haro Turismo

HISTORIA DE UNA TIERRA DE VINOS

Las más de 600 hectáreas de vid que, a día de hoy, conforman Haro no son más que el resultado de cientos de años de cultivo y cuidado mimo para transformar el producto de la tierra en caldos con personalidad propia. Una extensión de tierra que no viene de ahora sino que cuenta con raíces históricas en el siglo XVI.

Es más: la actual concentración de bodegas de vino en el municipio también está en deuda con aquella época, ya que sería gracias a la producción de vino de pequeños agricultores de entonces como surgirían las bodegas (como respuesta a la necesidad de almacenar el vino en lugares frescos para permitir su conservación). El peso del vino ya entonces era tal que, según documentos de 1.669, ya entonces Haro contaba con cerca de 120 bodegas y 65 cuevas para la maduración del vino.

El éxito de la producción vinícola de la zona sería tal que, pocos años después, el mismísimo Carlos II de España se vio obligado a regular por Ley la producción de vino de Haro. Algo que no solo buscaba promover el vino de la zona, sino que iba incluso un paso más allá persiguiendo un objetivo que ha marcado la trayectoria de los vinos de Haro: ofrecer la máxima calidad dentro de cada botella.

racimos de uvas Carlos Serres

Con ese objetivo, para el entonces monarca fue necesario regular mediante sus ordenanzas (con pena de multa en caso de incumplirlas) aspectos tan singulares como que no se realizara una recogida de uva que no estuviera madura, que no transitaran animales por los viñedos (para evitar manchar la uva) o prohibir por decreto y amenaza de multa que se trajeran vinos de otras localidades a la ciudad.

Sería en esta misma época cuando el mismo Rey estableciera un impuesto especial a pagar en los filandones del camino para el vino. Una cortapisa para poder comerciar con él más allá de los límites de Haro que terminó por ser derogado por un motivo de peso: a pesar de las prohibiciones, Haro triplicó su producción de vino durante el siglo XVIII hasta llegar a los 25.000 hectolitros.

Sería tan solo unos años después cuando, con la llegada de los productores franceses de vino que buscaban nuevas zonas de cultivo ajenas a la plaga de filoxera, Haro acabara de consolidarse como lo que es a día de hoy: una tierra de referencia para el vino. Sería también entonces cuando “el fundador de nuestras bodegas, Carlos Serres, llegara a Haro no solo para producir vino sino para poner en el mapa internacional la ciudad.

NUESTRAS VIÑAS

Sería precisamente gracias a él como nacería la que es hoy nuestra bodega. Una que se asienta en un elemento fundamental que le confiere a nuestros vinos el carácter personal del que gozan: la tierra. Es precisamente en ella donde nuestras viñas crecen al ritmo de un clima idóneo y el suelo perfecto para ellas (arcilloso-calcáreo), confiriéndoles el sabor inconfundible de los vinos de nuestra bodega.

Una suma perfecta que cobra vida propia en el lugar en el que crecen las viñas de las que nacen nuestros vinos: nuestra finca El Estanque.

Finca El Estanque

Una de las pocas fincas urbanas existentes en Haro que, además de su increíble belleza, cuenta con la tierra ideal para el cultivo de vid. Un terruño de 60 hectáreas pionero en el cultivo en espaldera, y en el que crecen variedades como Tempranillo, Maturana tinta o Viura para dar lugar a nuestros vinos.

El germen de nuestros caldos. Los mejores embajadores del sabor de nuestra tierra.

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