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Tierras del Ebro: carácter, sabor e Historia

In La Rioja by Fatima Cimadevilla1 Comment

Más que un río, el Ebro es un símbolo de la personalidad de una tierra. Un serpenteante camino de agua que no solo es símbolo de fecundidad sino, también, sinónimo de vino.

Su peso específico en la historia del vino de La Rioja es indiscutible. Su acento sobre el clima de la zona es uno de los factores que definen las tierras del Ebro. Unas marcadas por el carácter de un río que mezcla en sus aguas leyenda, historia y fertilidad.

A su influencia debemos que La Rioja Alta se caracterice por contar con un clima atlántico que convierte la tierra en hogar de excepción para el cultivo de la vid. Un río que ha su propio capítulo en la historia del vino de La Rioja y que continúa reescribiéndolo.

¡A QUÉ SABEN LAS TIERRAS DEL EBRO?

Por las características de su clima y su terreno, el Ebro marca su impronta en los vinos que se crían en sus márgenes. A la humedad procurada por su caudal se suman dos factores decisivos para exprimir el sabor de la tierra: inviernos en los que el frío es protagonista y veranos soleados.

Una suma de opuestos que envuelven la vid dándole, en cada momento de su ciclo vegetativo, lo que necesita.

Además, el Ebro es símbolo de riqueza natural del suelo. Un hecho que convierte las tierras de La Rioja Alta en unas excelentes para el cultivo de la vid. La presencia del río deja huella en las tierras que lo circundan, caracterizadas por mantener un equilibrio entre arcilla (que mantienen la impermeabilidad), caliza (ricos en carbonato de calcio, que ayuda a nutrir la vid), ferroso (con una alta presencia de hierro) y suelos aluviales.

HISTORIA DEL EBRO, TERRITORIO DE VINO

Entender la complejidad histórica de este río pasa por remontarse muchos siglos atrás y entender que uno de los moradores históricos de nuestra Península, el pueblo romano, es dueño de esa página de la historia del vino de La Rioja.

La importancia histórica de las tierras del Ebro para el Antiguo Imperio Romano se tradujo en un buen número de redes de comunicación que no solo permitían comunicar las legios con Roma sino, también, favorecer el transporte de mercancías a cualquier punto del Imperio. Unas mercancías entre las que el vino era protagonista.

Al pueblo romano le debemos no sólo la tradición de la vid en La Rioja Alta sino, también, el hecho de que nuestros vinos fueran internacionales por primera vez.

Unos precursores de la Antigüedad que supieron reconocer la calidad de una tierra nacida para ser madre del vino.

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Comentarios

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