Vino naranja, la cultura ancestral es tendencia

Vino naranja, la cultura ancestral es tendencia

In Vivir el vino by Fatima Cimadevilla

Un auténtico desconocido para muchos y actual protagonista de las mesas hoy en día. Así es el vino naranja: una tendencia que, lejos de ser una novedad, supone uno de los caldos con más tradición de la historia. Un vino arraigado como costumbre en Italia que, hoy por hoy, sorprende a quienes descubren ese cuarto color del vino tan poco habitual hasta ahora.

Posicionado dentro de los denominados vinos naturales, los vinos naranjas también se denominan vinos ámbar por su singular coloración. Una que se debe, fundamentalmente, a un proceso de elaboración que cuenta con una importante peculiaridad: su proceso de vinificación.

Así pues, veamos algunas de las singularidades del vino naranja. Un vino que despierta pasiones pero, también, cuenta con detractores entre los amantes del vino por las peculiaridades de su sabor.

EL PROCESO DE ELABORACIÓN

Una de las mayores singularidades del proceso de elaboración del vino naranja es que se hace siguiendo fielmente los métodos de la Antigüedad de la elaboración del vino. Es tal esta afirmación que, incluso, las bodegas que lo trabajan han tratado de mantener una peculiaridad apenas vista ya: la vinificación en ánforas de barro. Algo que se aleja por completo de la actualidad del vino para poner, por otra parte, su peculiar acento personal en los caldos.

Características del vino naranja

La particular coloración que da nombre al vino naranja es el resultado de su proceso de fermentación. A diferencia de cómo se elabora el vino rosado, en el caso del vino naranja su seña de identidad más característica procede de una fermentación alcohólica en la que el mosto está más tiempo en contacto con hollejos y pepitas.

No solo así se consigue que sea naranja: además de esto, una vez el zumo se ha transformado el alcohol, se mantiene en maceración entre cuatro a siete meses. Es gracias a este proceso como el caldo obtiene su singular coloración ámbar. Un tono resultante de extraer todo el tanino de los elementos de la uva blanca.

CARACTERÍSTICAS DEL VINO NARANJA

Y si su método de elaboración es singular, también lo son las características que marcan el vino naranja. Para empezar, es un vino no filtrado. Algo que, para muchos amantes del vino, supone un enorme handicap en su degustación. Además de este aspecto, se desmarca de otros caldos por sus singulares perfumes. Unos aportados por un proceso de elaboración de carácter ecológico y sin utilizar pesticidas.

Más allá de esto, los vinos naranjas sorprenden por tener un cuerpo y una estructura de gran intensidad. Algo para lo que un buen nivel de acidez es imprescindible, ya que es así como logran un correcto equilibrio.

Es cuando nos entregamos al arte de la cata cuando descubrimos su auténtica riqueza. Con un paso por boca muy largo y consistente, los vinos naranjas suelen dejar a su paso sensaciones salinas y minerales. Además, el final cuenta con una agradable tanicidad e, incluso, deja ver esa intensidad aromática que destacábamos antes.

En resumen, y más allá de colores, los vinos naranjas son vinos blancos con alma de tinto. Vinos que recuperan la tradición más ancestral del vino sin alterar su método original de elaboración.

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