La poda del viñedo

La poda de la vid, garantía de calidad y futuro

In Viña y Tierra by Fatima Cimadevilla

Es uno de los momentos más comprometidos del año para la vid. Una tarea que, lejos de ser únicamente una cuestión de mantenimiento, es clave tanto para la buena salud de la planta como, fundamentalmente, para la calidad del vino. La poda de la vid supone una estampa anual de alboroto en los viñedos de Haro y de toda España en la que, tijera en mano, se busca sanear cada planta para ayudarla a que, con la llegada próxima de la primavera, rebrote con más vigor y salud. Un gesto que permitirá contar con mejores uvas, más sabrosas, con mayor concentración de aromas y perfumes. El punto de partida necesario para atrapar el sabor de una tierra en una botella.

Y es que, a pesar de que la poda de la vid es una de las tradiciones más antiguas de la cultura del vino e inmortalizada en numerosas obras de arte relacionadas con él, no ha perdido un ápice de actualidad. Es más: supone una actividad vital para cualquier bodega que busque la excelencia de sus caldos y vele por el buen devenir de su viñedo.

Una práctica ancestral que, todavía hoy, supone uno de los momentos más comprometidos de un viñedo año tras año.

PARA QUÉ SE REALIZA LA PODA DE LA VID

La poda de la vid se realiza por varios motivos. Por un lado, porque ese gesto de menguar las ramas de la planta permite limitar la producción y hacer que esta sea de mayor calidad, ya que la planta tendrá que concentrar sus esfuerzos en un número menor de uvas. Por otro, esta labor de saneamiento permite trabajarla con más facilidad: cuanto más accesibles sean los pulgares de los que broten las uvas, más sencillo será la manipulación de la planta tanto para recoger su fruto como para aplicarla un producto sanitario o respecto a cualquier actividad de labranza.

Poda de viñedo en La Rioja

Es importante contemplar que la vid es una planta arbórea trepadora de crecimiento ilimitado. Algo que hace que sus sarmientos, que se desarrollan como lianas, puedan llegar a medir hasta 30 metros. Una exuberancia que, sin embargo, no implica forzosamente ser fructífera: en una vid de crecimiento descontrolado, lo habitual es encontrar numerosos racimos de uvas de tamaño reducido que suelen madurar con mucha dificultad o que, incluso, nunca llegan a hacerlo correctamente.

Añadido, y por su morfología, solo las yemas situadas en los extremos prosperarán dado que son las que reciben mayor cantidad de savia. Algo que choca con aquellas más próximas al tronco, que nunca acabarán de brotar.

Por último, la poda de la vid no es solo una garantía de presente sino también de futuro. Y es que esta actividad permite alargar la vida de la vid, ayudándola a crecer cada temporada sin desgastarse para así poder tener la fuerza necesaria para sobrellevar el ciclo de maduración y el paso del invierno.

CUÁNDO SE PODA LA VID

Y si la poda en sí misma es una actividad fundamental, no lo es menos elegir correctamente el momento más idóneo. La vid sufre una serie de podas a lo largo del año, pero solamente una al cabo del año es una poda de fructificación. Una poda que no solo limpia la planta sino que, sobre todo, la prepara para la llegada de la primavera y el rebrote de su naturaleza.

Es precisamente esta la que se realiza cada invierno. Una marcada no solo por la meteorología sino, también, por la propia planta: el momento idóneo será después de la caída de las hojas y antes de que la vid salga de su estado vegetativo durmiente. Uno en el que se sume cuando el termómetro comienza a bajar; y que provoca que se detenga prácticamente por completo la circulación de la savia.

Viñedo en invierno

A pesar de que la poda de la vid se establece a mediados del invierno y ante la inminencia del cambio de estación, lo cierto es que más que una ley no escrita es una a administrar por la mano del viticultor experto. Por más que marque la época el calendario, cada invierno tiene sus propias particularidades y muchas de sus inclemencias son factores decisivos a tener en cuenta antes de comenzar a podar. Las heladas, por ejemplo, retrasan la poda de la vid. Por un lado, estas bajas temperaturas vuelven la madera de las ramas quebradiza y podar en esas circunstancias puede suponer astillar las ramas al cortar.

Por otro lado, las temperaturas bajo cero hacen que los cortes de la poda tarden más tiempo en cicatrizar. Y decimos cicatrizar porque cada poda supone infligirle a la planta una herida a través de la que pueden entrar en la vid diferentes enfermedades, como la yesca.

Una razón de peso para elegir con buen tiento cuándo realizar la poda de la vid para que cumpla esa función regeneradora por la que se lleva a cabo.

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