Instalan un cajero automático de vinos en Londres

Instalan un cajero automático de vinos en Londres

In Uncategorized, Vivir el vino by Fatima Cimadevilla

La creatividad es, sin lugar a dudas, un auténtico aliado del vino. No solo está presente en su elaboración ya que, más allá del conocimiento técnico, el arte del enólogo tiene esa pizca de imaginación tan necesaria para crear sabores impactantes. Tampoco nos referimos a ese increíble saber hacer de quienes han transformado la etiqueta de un vino en un objeto de colección. Lo hacemos, en realidad, a cómo la imaginación ha transformado incluso una parte fundamental del disfrute del vino: cómo nos lo tomamos.

Pues bien. Cuando creíamos que lo habíamos visto todo en el mundo de los accesorios de vino más originales, nos encontramos con una realidad que desafía todas las normas. Y es que, lejos de ser un futurible, es ya una realidad que podemos disfrutar de un vino servido por una máquina. Pero no cualquier máquina. La gracia de esta novedad en el mundo del vino es que se trata, precisamente, de un cajero automático.

Y sí. Has leído bien. Cuando creíamos que estaba todo inventado en lo que se refiere a las máquinas de vending, nuestros vecinos ingleses han ido un paso más allá. Una acción que conjuga el reciclaje con el disfrute del vino, y que es en sí mismo un auténtico hito.

EL CAJERO AUTOMÁTICO DE VINOS, UNA NOVEDOSA ATRACCIÓN EN LONDRES

La cosa tiene su miga. Y nada como conocer su historia al completo para hacernos una idea de la magnitud de la ocurrencia. El cajero automático de vinos que sorprendió a los londinenses es fruto del ingenio de Vagabond Wines. Una cadena de establecimientos con un alma bien definida: el vino es protagonista de todo. Desde hace más de una década, sus cerca de diez locales invitan a catar para descubrir más del apasionante mundo del vino. Y no solo eso: otra de sus señas de identidad es que son la única bodega productora de vinos en el centro de Londres.

Atribución | Vagabond

Su filosofía vinícola tiene una singularidad. En sus locales no solo hay camareros, también hay un buen número de máquinas de vending para los distintos vinos. Unas que sus usuarios utilizan libremente, mediante el uso de una tarjeta de prepago para poder consumirlos. Partiendo de este modelo de negocio, decidieron ir un paso más allá en uno de sus establecimientos. Su principal singularidad es que había sido una oficina del Banco Santander, y que todavía se conservaba su cajero automático.

Lejos de desecharlo, decidieron integrarlo en su día a día. Y no de cualquier manera. El empeño por contagiar a todos del apasionante mundo del vino les hizo transformar este dispensador de billetes en un dispensador de vino espumoso. Una acción singular que ha contado con una gran acogida entre los transeúntes, tanto por lo genial de la iniciativa como por las generosas raciones de 150 mililitros de vino italiano.

Aunque en sus inicios este cajero automático de vinos se lanzó bajo el nombre Automated Prosecco Machine, se vieron forzados a rebautizarlo. La razón: la queja de la Denominación de Origen de este vino italiano no se hizo esperar. No solo no le hacía gracia que su nombre estuviera implicado en el invento: tampoco veían con buenos ojos que su vino se sirviera a la ligera en plena calle. Por eso y para evitar males mayores, Vagabond Wines modificó su nombre. La ahora Automated Bubbles Machine hace, precisamente, honor al vino que dispensa.

Cajero automático de vinos de Vagabond Wines
Atribución | Vagabond

El cambio de nombre no fue el único desafío al que tuvo que enfrentarse este curioso cajero. Los inventores tuvieron que introducir el ingenio dentro del local tan solo dos semanas después de su instalación. La razón: el buen número de personas que trataban de hacer un uso bancario de él sin éxito y con gran desconcierto.

Dentro o fuera del local, el cajero automático de vino se ha convertido ya en una auténtica atracción en la capital inglesa. Una manera de disfrutar, de forma divertida y desenfadada, una copa de vino. Está claro que el cajero no entiende de rituales, ni mucho menos de hasta dónde conviene llenar una copa de vino. Pero lejos de cualquier purismo, esta singular máquina de burbujas congrega a un buen número de usuarios que quieren vivir la experiencia.

Una que, purismos aparte, no deja indiferente a nadie.