Una escapada por la Sierra de Toloño

Una escapada por la Sierra de Toloño

In Haro by Fatima Cimadevilla

Visitar Haro suele hacerse, en líneas generales, desde un punto de vista vitivinícola. Algo lógico si tenemos en cuenta la íntima relación que la denominada Ciudad del Vino tiene con la tradición y la vanguardia de los caldos. Es precisamente por esto por lo que bodegas, gastronomía e, incluso, su museo del vino al aire libre son los objetivos primordiales de los visitantes. Y sí: está claro que Haro rezuma historia del vino en cada centímetro cuadrado de su territorio. Pero, por eso mismo, hemos de ampliar los horizontes si queremos conocer el municipio más a fondo.

Por eso, hoy queremos proponer un plan perfecto para los amantes del vino y el senderismo. Uno que, si bien es menos conocido, nos permite ver Haro de otra manera y entender todavía mejor su propia historia. Nos referimos a la Sierra de Toloño. Un imponente monte escarpado sobre el Ebro que ejerce de vigía del municipio. Situada en la denominada Sierra de Cantabria, es tal su peso natural que forma parte de las zonas protegidas de la Red Natura 2000.

Pero sepamos un poco más de esta sierra. De una que, curiosamente, tuvo en el pasado a un visitante muy querido para nosotros: Carlos Serres. El precursor de las bodegas que, todavía hoy, continúa ligado a este singular lugar de nuestra geografía.

EL PAISAJE DE LA SIERRA DE TOLOÑO

La Sierra de Toloño es un entramado calizo escapado situado sobre el río Ebro. De aspecto agreste, caminarlo es descubrir también praderías con hayedos y matorrales. Una combinación natural llena de contrastes de paisaje, que podemos disfrutar durante el ascenso hasta su pico más alto. Un pico denominado precisamente Toloño, y que se sitúa a 1.287 metros sobre el nivel del mar.

Si ya de por sí el camino es un singular recorrido por su peculiar naturaleza, lo que realmente cautiva son las vistas que ofrece desde su cumbre. Y es que es así como es comprensible que la Sierra de Toloño sea ese mirador al que hacíamos antes referencia. Un punto ideal para contemplar el increíble cambio de paisaje que solo desde esa altura puede percibirse. Subir la Sierra de Toloño hasta su techo implica disfrutar de los bosques y las tierras de cereal si miramos hacia el norte.

Un paisaje que enmascara el paso del Ebro, y que abre paso a uno diametralmente opuesto en el sur. Es ahí dónde los viñedos se extienden, al amparo de las cumbres que sirven de parapeto para la fría humedad procedente del norte. Un espacio vitivinícola, el de la Rioja Alavesa, que puede contemplarse plenamente desde altura.

En ese paisaje de la Sierra de Toloño no podemos obviar otro: el de la fauna propia del lugar. Una en la que las aves rapaces tienen un lugar privilegiado, ya que esta sierra es nido y hogar de múltiples ejemplares de águila real y halcón peregrino. Unos compañeros de camino que, con suerte, se pueden durante el recorrido.

PATRIMONIO DE LA SIERRA DE TOLOÑO

Y si la singularidad de su paisaje cambiante no es suficiente motivo para descubrirlo, hay más razones para incluir la Sierra de Toloño en nuestra visita. Además de su belleza natural, Toloño tiene un lado místico. Quizás por eso, a lo largo de los siglos fue lugar de asentamiento de distintas edificaciones religiosas. Algunas todavía lo suficientemente conservadas como para poder ser contempladas en el camino.

En nuestro recorrido, es viable encontrar la Ermita del Humilladero. Una de la que apenas queda rastro, salvo porque alguna de sus paredes se mantiene todavía en pie. En mejores condiciones está la Ermita de San Tirso, situada en una gran cavidad natural. Para poder dar con ella, tendremos que llegar hasta el monte homónimo. Un paseo que nos permitirá ver toda la cara norte de la sierra.

Capilla del Santuario de Toloño

Capilla del Santuario de Toloño. Atribución | Bigsus en Wikipedia Commons

De todas las edificaciones, la más singular es sin duda el Santuario de Nuestra Señora de Toloño. Una capilla de diseño barroco, que fue construida por la Orden de San Jerónimo en los siglos XIV y XV. De ella tan solo podremos contemplar una parte, ya que el resto se perdió por una suma de factores. Por un lado, la dureza del clima propio del Ebro. Por otro, los estragos causados por un incendio durante las primeras guerras carlistas en 1835.

Resulta todavía más curioso saber que esta capilla no es más que parte de lo que fuera el monasterio de Toloño en el pasado. Un conjunto religioso que contaba con 22 aposentos y cinco cocinas. Algo que nos da idea de sus dimensiones.

CARLOS SERRES Y LA SIERRA DE TOLOÑO

Además de la belleza del emplazamiento, la Sierra de Toloño tiene una anécdota singular. Una que puede conocerse cuando, al coronarla, descubrimos lo que la cima esconde. Además de una cruz y unos buzones, el techo de Toloño cuenta con una placa conmemorativa dedicada a Carlos Serres.

Y es que nuestro fundador tiene en su haber haber realizado 2.500 ascensiones al Toloño. Un hito que le valió el sobrenombre de “el señor de las cumbres”.

Y es que la pasión de Serres por este recorrido fue tal que, acompañado de un par de amigos, acostumbraba a subir hasta su cumbre durante los fines de semana para contemplar su paisaje. Algo que hace de la Sierra de Toloño un lugar todavía más singular.

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