El peso del vino en la mitología

El peso del vino en la mitología

In Vivir el vino by Fatima Cimadevilla

El vino está íntimamente ligado a la Historia del hombre. Un compañero tal que nuestro propio pasado está marcado irremediablemente por la presencia del vino, sobre todo en lo que respecta a las referencias mitológicas de distintas culturas de la Civilización. Algo que resume y da cuenta a la vez de su importancia para buena parte de los pueblos más significativos de la Humanidad. Algo que se refleja, sin ir más lejos, en las muchas curiosidades sobre la historia del vino que existen.

El vino siempre ha estado unido a un carácter mágico y místico. Las primeras referencias de corte divino sobre el vino datan del 4.000 a.C. y han permanecido hasta nuestros días con un claro exponente: la celebración cristiana de la Eucaristía. Una religión en la que el vino alcanza cotas simbólicas y divinas máximas, si tenemos en cuenta que es este zumo de uva fermentada el que se convierte en el oficio de la misa en la sangre de Cristo.

Más allá del legado que otras culturas y religiones han podido aportar en esa singular visión del vino, solo en tres ocasiones ha cobrado forma humana para pasar a la posteridad de las leyendas como auténtico dios. Uno con nombre propio y característico según la civilización que lo reconociera como deidad, pero que en suma identifican a la misma divinidad.

 

HATHOR, LA DIOSA EGIPCIA

Es la diosa menos conocida de las deidades del vino y, sin embargo, una figura de gran relevancia en la mitología egipcia. Tanto es su peso que, según arrojan los trabajos arqueológicos, era su figura la que se tallaba en las ánforas destinadas para esta bebida. Y es que si hay un pueblo precursor en lo que a vino se refiere, ese es el egipcio: no solo idearon cómo cosechar la vid y guardar el vino, siguiendo las mitológicas instrucciones de Osiris; sino que, también, sentaron las bases en la metodología de crianza del vino en las bodegas de entonces, también según mandatos de la diosa esposa de Osiris, Isis.

Hathor la diosa egipcia del vino

Considerada la diosa de la alegría, la embriaguez, el vino, la música y el baile; el nombre de Hathor tenía un significado todavía más profundo: la madre divina que renueva todo lo existente. Un calificativo ligado con la sexualidad, el amor y la fertilidad al que cabe sumar uno más: según la mitología egipcia, nació al tiempo que Ra, el dios sol. Un hecho que la convirtió en su protectora, y que hace que la evolución de sus bondades como divinidad dependan de él.

Y en esa evolución el vino tiene mucho que decir dado que sería con vino como se calmaría la rabia de Hathor, que amenazaba con acabar con la Humanidad. Durante el reinado de Ra, al que el pueblo criticaba, Hathor cobró su cariz más sangriento. Enviada por el faraón para terminar con aquellos que estaban en su contra, llegó un momento en el que la sed de sangre le nubló el juicio. Para detenerla, le hicieron beber vino a pesar de que ella creía que era sangre. Una bebida que la sumió en un sueño de tres días. Cuando despertó, en su poder solo quedaban todas las atribuciones positivas de su divinidad.

DIONISIO, EL DIOS GRIEGO DEL VINO

Hijo del gran Zeus, padre de todos los dioses griegos; y de Sémele, una mortal hija del rey de Tebas. Representado en la mitología griega como una pantera, un leopardo o un racimo de uvas; se le atribuye haber descubierto la viticultura y dedicarse a ella. Este dios encarna múltiples aspectos: las festividades, el teatro, la danza, los excesos, placeres y, cómo no, el vino.

A pesar de que es una divinidad que cuenta con un cierto carácter negativo, ya que encarnaba el caos; a él se le atribuye que enseñara a los mortales el cultivo de la vid y la fabricación del vino.

Dionisio, el dios griego del vino

Curiosamente, este dios de la mitología griega va de la mano de un nombre: Ampelo. Un personaje mitológico que tiene distintas historias, si bien todas comparten un mismo final trágico. Según muchos historiadores, la leyenda con más peso cuenta que Dionisio estaba enamorado de él y, para deslumbrarle, le regaló una cepa de vid situada en lo alto de un árbol. El joven, al verla llena de racimos, trepó para probarlas pero cayó y murió. Apenado por el episodio, Dionisio le transformó en constelación. Y si bien la leyenda de Ampelo podría quedarse aquí, lo cierto es que hay muchas más variantes de su dramática muerte, incluyendo una en la que muere atacado por un toro y de él brotan racimos de uvas.

Dos curiosidades que pueden servir para entender por qué todavía hoy se utiliza el término ampelografía para denominar a la ciencia que estudia la vid y sus características. Una deuda de este personaje mitológico griego que, muriera como lo hiciera en las leyendas, ha pasado a la posteridad íntimamente ligado al vino.

BACO, DIOS DEL VINO EN LA ANTIGUA ROMA

Es, sin duda, el dios del vino más conocido. Uno que ha pasado a la posteridad inmortalizado en multitud de cuadros, y que no deja de ser una adaptación de la Antigua Roma del mitológico Dionisio. En su conquista territorial, los romanos unían los dioses locales a su cuaderno de divinidades dándoles un nombre nuevo y haciéndolos más similares a las características de su cultura. Así, para muchos Baco es el primo hermano de Dionisio, dado que comparten la misma madre mortal pero en caso del dios romano su padre es Júpiter.

Baco, dios del vino en la Antigua Roma

Considerado el dios del vino, la fiesta y el jolgorio; su carácter divino se debe a que, según las leyendas, fue instruido en su niñez en la viticultura por Sileno, un dios menor romano que se caracterizaba por sus excesos con el alcohol. Con ese punto de partida, Baco no podía ser de otra manera: retratado como irreverente y con un punto perverso, fue tal su peso en la sociedad romana de la época que fue entonces cuando se acuñó el término de bacanal para nombrar a esas fiestas en las que cualquier exceso carnal estaba bien visto. Tal fue la veneración que Baco logró entre mujeres, esclavos y pobres que los propios emperadores romanos trataron de impedir sin mucho éxito su culto.

 

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