Temperaturas recomendadas para el servicio de los vinos

Temperaturas recomendadas para el servicio de los vinos

In Sobre el vino by Fatima Cimadevilla0 Comments

Disfrutar de un vino con todos sus matices, cualidades y características pasa de manera obligatoria por hacerlo a la temperatura adecuada. Unos grados que no son fruto del capricho del que lo disfruta sino, más bien, parte de la clave para poder percibir y saborear toda su personalidad.

Independientemente de nuestros gustos personales, es importante conocer cuál es la temperatura ideal para cada uno de ellos. Una auténtica garantía de que no estaremos alterando las características organolépticas de un determinado vino, pero además de que estos grados no nos empañen la idea que podemos crearnos de un determinado caldo.

Por eso, es importante conocer cuál es la temperatura recomendada para los servicios de cada tipo de vino.

TEMPERATURA IDEAL PARA CADA TIPO DE VINO

De la misma manera que los matices de un crianza y un reserva son distintos, también lo son los tintos, blancos y rosados entre sí. Una razón de peso para preservar el espíritu de cada uno de ellos, tomándolos a la temperatura idónea.

En el caso de los vinos tintos, la temperatura es diferente según su tiempo de crianza. Mientras los tintos más jóvenes demandan un servicio entre los 12 y los 15 grados (para apoyar en la temperatura su frescura y matices florales), los crianzas ofrecerán su sabor idóneo entre los 16 y los 18 grados. Para los reservas, tendremos que servirlos a 20 grados para poder saborearlos previamente.

Temperatura recomendada servicio vino blanco

Con los vinos blancos, nos encontramos con una catalogación similar por temperaturas en función de sus características. Los blancos jóvenes y secos requieren frescura (entre 7 y 10 grados a la hora del servicio) para disfrutar de sus aromas florales sin destacar el alcohol (cosa que sucede si la temperatura es más alta) o ser demasiado ácidos (si los servimos demasiado fríos). Para los blancos dulces, lo ideal es servirlos en torno a los 6 grados para no caer en el error de enmascarar su personalidad frutal. Si estamos ante un blanco crianza, nos inclinaremos por servirlo entre los 10 y 12 grados.

Dejamos para el final los vinos rosados, ya que son los que requieren una temperatura única independientemente de sus características: entre 6 y 8 grados.

LA TEMPERATURA SE CONSIGUE DE MANERA GRADUAL

Y si las temperaturas recomendadas para el servicio de los vinos es una auténtica Biblia para saborearlos, no lo es menos el cómo conseguir que un determinado caldo tenga la temperatura que buscamos.

Por un lado, debemos olvidarnos de ese gesto tan popular de servir un vino a temperatura ambiente (incluso cuando se trate de los meses de invierno, mucho menos cuando este servicio sea en verano).

Es importante saber cómo inciden las distintas temperaturas sobre el sabor del vino: una temperatura excesiva es aliada de la volatilidad del alcohol (algo que provoca que éste inunde el paladar, impidiendo que podamos disfrutar de sus distintos aromas, pero que también provoca que los aromas más fuertes de un determinado vino nos empañen la cata).

Cómo enfriar un vino

Es importante contemplar que cualquier cambio brusco de temperatura puede dañar el equilibrio de sabor y características de un vino. Una buena razón para desterrar la idea de meter una botella de vino en un congelador o acercarla a una fuente de calor.

Por estos motivos, para atemperar un vino es importante hacerlo de una manera gradual ya que el medio de conseguirlo sin dañar las propiedades del caldo. Así, lo ideal es sumergir el vino en un recipiente con agua fría y hielo durante unos minutos para que vaya tomando la temperatura que necesita.

Un método que, con calma, aportará al caldo la temperatura que necesita. Un aval para disfrutarlo con toda su personalidad y convertir su cata en lo que buscamos: paladear la experiencia como se merece.

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